Este texto forma parte de Proud to Evolve, la serie editorial de Colectivo23 donde cinco líderes LGBTIQ+ del listado 41+1 de Expansión 2025 escriben sobre autenticidad y futuro del trabajo.
Alejandra Allard es Directora de Recursos Humanos para México, Colombia y Perú en Bristol Myers Squibb.
Esta es su voz y su experiencia.
Crecer sin dejar de ser: una conversación pendiente entre autenticidad y futuro del trabajo.
Crecer sin dejar de ser: una conversación pendiente entre autenticidad y futuro del trabajo
Hay una pregunta que me ha acompañado durante gran parte de mi vida profesional, aunque no siempre supe ponerla en palabras: ¿tengo que elegir entre crecer… o ser quien soy?
Durante muchos años, la respuesta parecía ser que sí. Crecer implicaba adaptarse, encajar, suavizar partes de mí. Implicaba medir lo que decía, ocultar lo que dolía y, en algunos casos, reinventar mi historia para que fuera más "aceptable".
Yo lo hice. Lo viví. Construí versiones de mí misma en distintos espacios laborales donde la pregunta no era cómo aportar más, sino cómo pasar desapercibida. Y eso cansa, mucho.
Porque crecer desde un lugar de ocultamiento no es realmente crecer. Es sobrevivir.
El cambio no llegó de golpe: llegó en partes
Mi historia no es lineal. A los 18 años entendí quién era, pero entenderlo no significó vivirlo con libertad. Hubo años de conflicto interno, miedo a perder vínculos, intentos por cumplir expectativas que no eran mías. Hubo momentos en los que la culpa pesaba más que la autenticidad. Perdí personas en el camino y, en otros espacios, me perdí a mí.
Recuerdo perfectamente lo que era inventar historias en el trabajo para evitar preguntas. Construir una narrativa que no incomodara a nadie, pero que me desconectaba cada vez más de quien realmente era. Y, sin darme cuenta, esa desconexión también impactaba mi crecimiento. No porque no tuviera talento o compromiso. Sino porque, cuando eres parte de la comunidad LGBT+, a veces el miedo puede pesar más que la confianza.
El punto de quiebre no fue profesional. Fue personal.
Pasé por una experiencia que me obligó a detenerme. La vida me puso frente a frente con lo que realmente importa y me hizo una pregunta muy simple, pero profundamente incómoda:
¿Vas a seguir escondiéndote… o vas a vivir?
Y yo elegí vivir.
No fue un acto heroico ni un momento mágico. Fue una decisión diaria. Incómoda al principio, liberadora con el tiempo. Decidir hablar de mi vida con naturalidad, no justificar quién soy, no pedir permiso para existir en los espacios donde aporto valor.
Y algo cambió.
Hoy puedo decirlo con certeza: ser quien soy no fue un obstáculo para mi crecimiento. Fue lo que lo hizo posible.
Porque cuando dejas de esconderte, te vuelves más clara, más enfocada, más segura. Tomas decisiones más alineadas con lo que crees. Construyes relaciones más honestas. Y, sobre todo, empiezas a confiar en ti.
Ahí entendí algo que hoy me parece clave en la conversación sobre el futuro del trabajo: la autenticidad no es un "extra bonito". Es una condición para que las personas puedan crecer de verdad.
¿Quieres escuchar a Alejandra hablar de esto en vivo?
Únete al panel virtual Proud to Evolve: El futuro del trabajo es diverso el 2 de julio.
El panel donde líderes de Nubank, Bristol Myers, It Gets Better México y Mars responden las preguntas que pocas veces llegan a los espacios donde se toman decisiones:
¿Cómo se construye una carrera auténtica sin renunciar a quien eres? ¿Qué papel tienen las organizaciones en hacer eso posible o imposible?
Cierre especial: Afra Cuéllar — creadora de Lilith's Den y Morritas al Aire.
7PM MÉXICO | 8PM PERÚ | 8PM COLOMBIA
La autenticidad no puede recaer únicamente en el individuo.
Pero también entendí algo que es igual de importante: no se trata de decirle a alguien "sé tú misma" sin preguntarnos si el entorno realmente está listo para recibir esa verdad.
tu
Porque ser auténtica en un espacio seguro impulsa el crecimiento. Pero ser auténtica en un espacio hostil puede implicar un riesgo.
Y cuando toda la responsabilidad se pone en la persona, el mensaje, aunque no lo digamos en voz alta, termina siendo: "sé valiente, atrévete, muéstrate"… sin cuestionar si ese espacio sabe cuidar a quien decide hacerlo.
Ahí es donde muchas historias se rompen. No por falta de talento, sino porque nadie debería tener que exponerse emocionalmente para acceder a algo tan básico como respeto, seguridad o una oportunidad.
Para las personas que son líderes, esto implica mucho más que "aceptar" la diversidad. Implica mirar hacia adentro y preguntarse: ¿Qué tipo de espacio estoy creando realmente?
Se nota en cosas pequeñas, pero muy poderosas. En qué comentarios permites, en qué cosas eliges corregir, en si haces suposiciones sobre la vida de alguien o si de verdad escuchas, en si nombras con naturalidad distintas realidades o generas incomodidad alrededor de ellas.
Porque muchas veces la diferencia no está en un gran discurso, sino en gestos cotidianos que le dicen a alguien: aquí puedes ser tú… o aquí es mejor que no lo seas.
Y para las empresas, implica dejar de ver la inclusión como un mensaje y empezar a verla como una experiencia.
Lo que realmente cambia la vida de una persona es sentir, todos los días, que no va a pagar un precio por ser quien es. Que no tiene que medir cada palabra, que no tiene que esconder a su familia, que no tiene que adivinar si puede hablar con libertad o no.
Eso se construye con reglas claras, con consecuencias cuando algo no está bien, con espacios donde sí se puede hablar y, sobre todo, con una cultura que no solo tolera la diferencia, sino que la reconoce como parte de lo que nos hace mejores.
La autenticidad no puede recaer únicamente en el individuo.
En mi caso, encontrar espacios así hizo toda la diferencia. No porque fueran perfectos, sino porque existía una intención real de evolucionar.
Y cuando eso pasa, todo cambia.
He visto lo que ocurre cuando las personas pueden traer su "yo completo" al trabajo. No solo mejora su desempeño. Cambia la dinámica de los equipos. Se multiplican las ideas. Se fortalecen las relaciones. Y aparece algo muy poderoso: la sensación de pertenencia.
Y la pertenencia no es un concepto abstracto. Es la diferencia entre cumplir… o realmente construir.
También entendí que mi historia podía servir para algo más. Que contarla no era una vulnerabilidad innecesaria, sino una forma de abrir conversaciones que antes no existían.
Para alguien que escucha, puede ser la primera vez que entiende que sí, es posible crecer sin renunciar a quien es.
No se trata de convertir la experiencia personal en una bandera obligatoria. Se trata de usarla, cuando decides hacerlo, para hacer los espacios un poco más humanos.
Liderazgo consciente
Hoy mi motivación es simple, pero profunda: que nadie tenga que pasar años en silencio para poder crecer. Que el acceso a oportunidades no dependa de a quién amas o de cómo te identificas.
Porque el futuro del trabajo no se va a definir solo por tecnología o nuevas formas de trabajar. Se va a definir por los espacios que construimos y por cómo hacemos sentir a quienes trabajan en ellos.
Y eso empieza con algo muy concreto: liderazgo consciente.
Para mí, liderazgo consciente es entender que liderar no es solo tomar decisiones o entregar resultados. Es entender el impacto que tienes en la vida de otras personas.
Es saber que, desde tu lugar, puedes hacer que alguien se sienta seguro… o no. Visto… o invisible. Libre… o limitado.
El liderazgo consciente se nota en lo cotidiano:
- En escuchar sin incomodidad
- En no asumir
- En corregir a tiempo
- En abrir espacio para voces distintas
- En entender que incluir no es tratar a todos igual, sino asegurarte de que nadie tenga que dejar partes de sí para poder avanzar
Y también se nota en la humildad. En aceptar que no sabemos todo, que podemos equivocarnos y que siempre hay algo más que aprender.
He aprendido que crecer profesionalmente no es llegar más alto a cualquier costo. Es construir una trayectoria que haga sentido contigo, que puedas sostener en el tiempo. Que no te obligue a fragmentarte.
Y, sobre todo, es poder mirar atrás y reconocer que no llegaste a pesar de ser tú… sino precisamente por serlo.
El cierre
Hoy, mi vida es muy distinta a lo que alguna vez imaginé. Tengo una familia que es mi motor, una historia que ya no escondo y una convicción profunda: que contar esto importa. Importa porque alguien allá afuera puede estar dudando y puede sentir que tiene que elegir.
Y no. No debería ser así.
Mi mayor deseo es que llegue un día en el que nadie tenga que ocultarse para crecer. Que nadie tenga que explicarse para poder avanzar. Un mundo donde ser tú no sea un riesgo… sino un punto de partida.
Espero que el día de mañana mis hijos puedan mirarse con libertad, reconocerse sin miedo y decir en voz alta quiénes son. Y que, en algún momento, puedan contar que su mamá, aunque fuera con un granito de arena, ayudó a que ese mundo fuera un poco más posible.
Y mientras llegamos ahí, quiero dejarte esto:
Sí, hay miedo. Sí, hay obstáculos. Sí, a veces duele.
Pero también hay espacios que te van a abrazar, hay caminos que se van a abrir. Hay formas de vivir más tuyas, más libres, más completas.
Y un día te vas a dar cuenta de algo muy poderoso: no tuviste que dejar de ser quien eres para crecer… fue exactamente eso lo que te trajo hasta aquí.